miércoles, 26 de septiembre de 2012

Hoy me siento rota por dentro, como si tuviera un agujero en el pecho, y desesperada. Tengo un nudo en el estómago y otro en la garganta. No quiero perderte de nuevo. Quédate, quédate. Sé verdad, por favor. No me hieras nuevamente. Por favor no te vayas esta vez. Te necesito esta noche, aquí, abrazándome. Necesito alguien conmigo. Alguien que me haga sentir que no estoy sola. Tengo miedo. Miedo de creer en ti. ¿Y si no eres verdad? ¿Y si eres humo en mi mente, arena escapándose entre mis manos? Quédate, quédate. ¿Y si me rompes de nuevo? No quiero ser tan frágil, pero me haces sentir de cristal. No huyas otra vez, puedo ver la diferencia. Abrázame esta noche, hazme fuerte. Hazme infnita. Quédate.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Entonces entendí que para estar con él debía surcar los siete mares a nado y esconderme entre las sombras hasta que el sol se ocultase tras el horizonte. Y no me cupo duda de que así lo haría. Volví la vista atrás, observando la multitud que ya comenzaba a despejar el puerto después de semejante alboroto, nadie parecía prestarme atención. Miré de nuevo su barco, rompiendo las olas, y a él en el timón, siendo uno con la mar. Decidí que desde ese momento yo era suya, y haría lo que fuera por hacérselo saber. Corrí bordeando el puerto, alejándome del tumulto que abarrotaba las puertas de salida del muelle,  hasta que encontré una escalera hacía el mar desierta, utilizadas para subir y bajar de las pequeñas barcas para turistas. Bajé a toda prisa los húmedos escalones que  me separaban de mi hogar y salté sin mirar atrás. Dejando que el agua se mezclara con mi piel, convirtiéndose en parte de mí. Convirtiéndome, de nuevo, en una sirena.
La melancolía es una fuente de inspiración inagotable.