viernes, 13 de abril de 2012

Ojalá todos los días fueran así de lindos

Y hoy fue diferente. Arrodillado sacando punta a un lapicero mientras yo entraba en el aula. Levantaste la vista suavemente y me observaste. Tus ojos se posaron en los míos y rápidamente descendieron hacia los libros y el radiocasete que sostenían mis manos. Sin esperarlo y, tan suavemente como tu mirada se había dirigido hacia mí, esta regresó hacia tus manos, deslizándose con rapidez por mi cuerpo, mientras, sin ocultarlo, una dulce y desvergonzada sonrisa aparecía en tus labios.

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