-No sabes dónde te metes -dijo-. Te hará caer en su trampa y te enredará en su tela. Cuando te quieras dar cuenta será demasiado tarde: ya no tendrás escapatoria. Ten cuidado chico y aléjate ahora que puedes. No dejes que haga contigo lo que les ha hecho a los demás. Es una dama cruel y fría detrás de esa expresión dulce y frágil. No te fíes de lo que no conoces.
-Mientes. -contesté intentando convencerme a mí mismo de que lo que me decía no era cierto. Cruel y fría, pensé. Imposible. Me volví y salí a la calle no queriendo escuchar más de lo que tenía que decirme. Ya fuera, sentado en la acera, sentí unos pasos a mi espalda que se dirigían hacia mí. Tacones de aguja.
-El tabaco te acabará consumiendo. -escuché que decía antes de sentarse a mí lado. Pero esa no era su voz. Tenía un matiz afilado, desagradable, falso. No le importaba que me consumiera. Aléjate ahora que puedes. Ella rió.
-Ya no puedes escapar de mí. -dijo, abalanzándose sobre mí como un león atacando a su presa. Como una viuda que acaba de tejer su tela.
Cuando te quieras dar cuenta será demasiado tarde: ya no tendrás escapatoria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario