martes, 8 de mayo de 2012

Estoy... cansada. Ya no sé qué pensar ni que esperar. Y no sé qué hacer o qué sentir. Me apetece perderme un rato, sin problemas ni exámenes para los que estudiar o gente por la que preocuparme. Llevo unos ocho meses esperándote. Queriendo que te fijaras en mí, y ahora que prácticamente sé con certeza que te preocupas por mí, me fijo en otra persona. ¿Hemos tardado demasiado en darnos cuenta? ¿Es que lo que siento por ti no es verdad y solo me he obligado a sentirlo? ¿Son las lágrimas que he derramado por ti falsas, en vano? Quiero pensar que no, pero estoy cansada. Realmente cansada de preguntarme cosas, de no saber respuestas, de esperar y buscarte, de huir cuando ya no sé que hacer, de sentirme frágil cuando tú no estás. El día se me hace pesado si no te veo, si no escucho tu voz. Y hoy mi corazón iba a mil por hora cuando estuvimos solos. Me encanta mirarte a los ojos y, por unas milésimas de segundo, perderme en ellos y sentir que tú también lo haces. Hablar contigo, que me digas algo y no responder. Quedarme mirando tus ojos, a punto de caer en ellos, y cuando me doy cuenta de lo que hago, por muy agradable y dulce que sea, salgo de ese pequeño trance, y vuelvo a la realidad, solo para responderte de la forma más políticamente correcta posible. Esa forma tan correcta que no soy yo. Tengo miedo de que te estés llevando una falsa impresión de mí.

No quiero que todo este tiempo sea perdido sin más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario